La odisea de los niños migrantes marroquíes que sueñan con llegar a Europa

Mientras planean cómo cruzar hasta el continente europeo, decenas de jóvenes malviven en las calles de Ceuta. Muchos recorren su propio camino: comen lo que pueden y duermen a la intemperie.

Muchos menores provenientes de Marruecos se arriesgan intentando cruzar el estrecho de Gibraltar desde la ciudad autónoma de Ceuta (España) para lograr un solo objetivo: llegar a la península Ibérica y al continente europeo.

Los adolescentes se cuelan en este enclave al norte de Marruecos de forma irregular y sortean la vigilancia del puerto. Allí esperan durante horas para tratar de entrar en un ferry que vaya a la península. Los jóvenes marroquíes sin papeles no tienen permiso para cruzar al continente europeo. De ahí lo arriesgado del viaje.

“Si te agarra la Policía, es posible que te deporte a Marruecos. Cuando ya estás dentro de un buque de carga y la guardia fronteriza te ve, te puede pegar sin parar”, narra Ayoub, de 17 años, quien lleva dos años intentando pisar territorio español peninsular.

Pura subsistencia

Sin embargo, mientras planean cómo cruzan el Estrecho, decenas de jóvenes malviven en las calles de Ceuta. A pesar de que hay un centro de menores, muchos prefieren recorrer su propio camino: comen lo que pueden y duermen a la intemperie.

“Mi ilusión es llegar a Madrid y estudiar. También quiero trabajar, ahorrar dinero para comprar un coche y después volver a Marruecos”, asegura Mohamed, un marroquí de trece años que hace dos meses cruzó la frontera de su país y ahora deambula por las calles de la ciudad portuaria.

El número de inmigrantes menores llegados a España casi se ha triplicado en tan solo dos años. El Gobierno del país ha destinado 40 millones de euros para mejorar la atención a menores no acompañados. En total, en España, son más de 10.000. Muchos de ellos provienen de familias numerosas de origen magrebí.

“No hay ni trabajo, ni estudios ni nada. Quiero vivir como viven ellos [los europeos]. Nuestra vida en Marruecos es un puro sufrimiento”, confiesa Omar, de quince años.

“El marroquí en principio es deportado a Marruecos, lógicamente, si es mayor de edad. Pero si es menor, queda en las instituciones tutelares de España y no es deportado a su país”, explica José Medina Arteaga, coordinador de la Administración del Estado del Campo de Gibraltar.

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